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¿GANADORES O PERDEDORES?

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Se ha extendido por el mundo una filosofía de la vida que podemos identificar con el título de Ganadores y Perdedores. Es muy frecuente ver en las películas y novelas de los países desarrollados como Estados Unidos, Francia, Brasil, etc., como esta manera de pensar ha penetrado el pensamiento de las personas. Según estos principios, es ganador quien tiene casas lujosas, ropa cara, automóviles de lujo, puestos de trabajos importantes, una posición social relevante, etc., y es perdedor el que no posea nada de esto y por tal motivo es despreciado por los supuestos ganadores.

 

A la luz de las doctrinas de Jesús encontramos otra forma de ver la riqueza y la pobreza: Jesús nos plantea de forma clara y terminante quien es ganador y quien es perdedor y las consecuencias de pertenecer a uno u otro de los dos grupos:

 

·         Luego llamó no solamente a sus discípulos, sino que a toda la gente, y les dijo: Si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo,  tome su cruz y sígame. Pues quien quiera asegurar su vida la perderá; y quien sacrifique su vida por mí y por el Evangelio, se salvará. ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si se pierde a sí mismo. Pues, ¿de dónde sacará con qué rescatarse a sí mismo? (Mc 8, 34-37).

·         El que procure salvar su vida la perderá, y el que sacrifique su vida por mí, la hallará. (Mt 10, 39).

 

En la enseñanza de Jesús, el ganador es aquel que no posee nada y el perdedor el que acumula riquezas y bienes. Durante su predicación, Jesús siempre hizo énfasis en su amor por los pobres. El  también es un hombre del pueblo, un trabajador manual y se identifica con los pobres. Él nos juzgará través de nuestro comportamiento con los necesitados (Mt 25, 31-46).

 

Este mensaje de Jesús se manifiesta en las parábolas con que instruía al pueblo:

a)      Las grandes parábolas de la misericordia: La oveja perdida, el Hijo Pródigo (Lc 15, 3-7; 11-32)

b)      La parábola del administrador infiel  y la de Lázaro y el rico Epulón (Lc 16, 19-31)

c)      La gran parábola del buen samaritano (Lc 10, 29-37)  

 

·         A los fariseos, Jesús les recuerda que los preceptos legales valen poco si se descuida "la justicia, la misericordia y la buena fe" (Mt 23, 23).

·         Es duro con los ricos y condena la misma riqueza: "¡Ay de los ricos!" (Mt 19, 23). Sin embargo, no rechaza a los ricos ni condena la propiedad, sino la riqueza, es decir, la acumulación y el uso de las cosas por encima de las necesidades básicas del ser humano.

·         Condena abiertamente el dinero y lo llama "moneda de iniquidad, dinero injusto". El dinero es un producto de la injusticia. "No se puede servir a Dios y al dinero".

·         Jesús predica la pobreza a quienes quieren seguirle. El lenguaje de los profetas giraba en torno a la justicia (Os 6, 6), pero se expresaba en el amor al prójimo. Y es ese amor el que caracteriza la Buena Noticia del Reino predicado por Jesús (Mt 5, 45-46).

·         Sobre la riqueza nos advierte: "Les aseguro, es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el Reino de los cielo" (Mt 19, 24).

 

El amor al pobre y al desvalido comienza en el Antiguo Testamento. En él  podemos percibir la presencia activa del Espíritu Santo. Son los profetas los encargados de denunciar las injusticias sociales en el Antiguo Testamento. Elías, Isaías, Jeremías, Oseas, Amós, son los que mejor reflejan en su predicación cómo deben ser las relaciones de los hombres con Dios y entre sí.

 

La palabra fundamental de la predicación de los profetas es la Justicia: el justo es el que se relaciona con Dios y respeta el derecho de los otros hombres, en particular el de los pobres, de las viudas, de los huérfanos y los extranjeros pobres.

 

Para los profetas el concepto de justicia tiene una dimensión que hoy no se le da: No es el derecho de los que tienen, sino el derecho de los que no tienen, de la persona de la comunidad en necesidad. Por eso, reprochan el lujo y la abundancia con que viven los ricos, enriquecidos a costa de los pobres. Son especialmente duros con los acaparadores, los que añaden casas a casas, campos a campos, dinero sobre dinero, sin tener en cuenta el derecho de los pobres, de los desposeídos. Toda la Biblia y en especial los profetas enfatizan el derecho del pobre, del pequeño, del asalariado.

 

El tema preferido de los profetas es que "la religión no es válida sin la justicia".  Lo que Dios pide al pueblo no es el culto, sino la verdadera Alianza de hijos suyos y hermanos unos de otros.  No les interesa el culto, el espléndido templo, los ayunos y las ofrendas si no van acompañados de misericordia y respeto a los derechos de los pequeños, los profetas dan testimonio de esta situación.

 

Con la llegada de Jesús de Nazaret se perfecciona el concepto de justicia social predicado en el Antiguo Testamento. Jesús no cambiará la línea de los profetas, sino que la complementará. En los Evangelios los pequeños y pobres ocupan un lugar privilegiado en la predicación del Señor.

 

El derecho organiza la sociedad, pero no lleva a la unión de las personas. Por tanto, el derecho debe ser complementado por la caridad que se manifiesta en el verdadero amor cristiano y con la justicia. De ese amor es del que nos habla San Pablo en su carta a los Corintios (1 Co 13, 1-13).

 

Los Padres de la Iglesia son el eslabón que une la Iglesia apostólica con la Iglesia actual. Hombres de Dios y de la Iglesia, obispos o presbíteros, interpretan el Evangelio para el pueblo cristiano. No acostumbran a suavizar sus enseñanzas, sino que lo interpretan fielmente y lo acomodan a las necesidades de sus ovejas. Coinciden con que "las riquezas del mundo son de los pobres y el que las posee es un simple administrador".

 ·         San Basilio Magno, decía: "¿A quién perjudico, dice el avaro, quedándome con lo que me pertenece? Pero, ¿Cuáles son los bienes que te pertenecen? ¿De dónde los has sacado? Te pareces a un hombre que toma su asiento en el teatro pero impide que los demás entren y gocen del espectáculo. Así son los ricos: acaparan los bienes comunes, los declaran suyos porque son los primeros que los han ocupado". (“Ricos y pobres". Homilía, 6,6).

·         San Ambrosio, Obispo de Milán, dice al rico que cuando le dé al pobre de sus bienes no hace sino restituirle lo que es suyo: “La tierra pertenece a todos, no sólo a los ricos".

  ·         San Clemente de Alejandría, en una homilía titulada "¿Qué clase de rico se puede salvar?” concluye que el rico sólo es un administrador que debe conformarse con la voluntad de Dios: las riquezas le permiten socorrer al pobre, al necesitado y ejercitar el amor al prójimo. Clemente ve en el rico un "desesperado" de la salvación: Al impartirle esperanza, quiere restaurar el sentido de compartir en él. Esta homilía es un llamado a la esperanza, a la búsqueda del sentido de compartir lo destruido por la riqueza.

 ·         San Basilio el Grande. Es Obispo de Cesarea en el año 370, y muere diez años después. Se había despojado de todos sus bienes a favor de los pobres. Y aunque en sus homilías defiende el derecho a la propiedad, alerta que la posesión de los bienes está sometida a rigurosas limitaciones. El rico sólo es un administrador, lo que posee está en depósito para socorrer sus necesidades básicas y las necesidades de los pobres. El santo ataca fuertemente la pasión por la posesión de bienes materiales, considerando que poseer más de lo necesario significa frustrar a los pobres, robarles sus bienes.

  ·         San Juan Crisóstomo, Obispo de Constantinopla, el más grande orador cristiano de su época y uno de los más grandes de todas las épocas, no predica a los pobres la revuelta ni las reivindicaciones. Para él los pobres son "como el sacramento de Dios, que nos enseñan el precio del amor cristiano". predicaba la misma doctrina: "No digas:’yo hago lo que quiero con lo mío’. Pero, mira que eso que dices que es tuyo es de otro; esos bienes no te pertenecen. Pertenecen en común a ti y a tu semejante, como son comunes el cielo y la tierra y todo lo demás" (Homilía 10). Él no aconseja al rico despojarse de todo, que sería un consejo de perfección, sino emplear sus riquezas en ayudar a los más necesitados, en compartirlas con ellos. Por tal motivo aconseja a los ricos: "Cuenta a Cristo entre el número de tus esclavos, libértalo del hambre, de las penurias de la vida, de la prisión, como a ellos. ¿Tiemblas al oir estas palabras? Más temblarás si no lo haces”.

 ·         San Agustín de Hipona. Ve el bien del pobre en lo que le sobra al rico.

 ·         Santo Tomás de Aquino, el gran doctor de la Iglesia, defiende el destino universal de los bienes de la tierra y dice que lo superfluo, lo que le sobra a los ricos, en justicia le pertenece a los pobres.

 Los Padres de la Iglesia sostienen que los bienes de la tierra pertenecen a aquellos que tienen verdadera necesidad y la propiedad de la que se precian los ricos no debe destruir el derecho de los pobres. El precepto de la limosna es un precepto obligatorio. Sin embargo, actualmente se confunde la caridad con la limosna. Este tipo de acción no tiene nada que ver con el amor al prójimo, aunque una limosna pueda ayudar ocasionalmente a un pobre. No es caridad la acción que no respeta los derechos del pobre y no tiene en cuenta la justicia.

 

Por tanto, cuando nos digan "perdedores" porque no tenemos riquezas, ni una posición social relevante, ni una casa con piscina o varios automóviles en el garaje, digamos: ¡"Gracias a Dios, soy un perdedor"!

 

Literatura consultada

·         LA ENCÍCLICA RERUM NOVARUM 100 AÑOS ANTES 100 AÑOS DESPUÉS. Juan Miguel Ganuza.

·         BIBLIA LATINOAMERICANA

1 comentario

  • Enlace comentario Luis E. Garcia Sábado, 27 de Julio de 2013 17:41 Publicado por Luis E. Garcia

    De muy buena actualidad tu comentario. En
    la misma vena, alguien dijo: La felicidad no se relaciona con lo que tengas, sino con lo que necesitas para vivir.
    Esto se refleja en lo vacio de las vidas
    materialistas en lo que la unica direccion que estas vidas siguen es en la acumulacion
    de bienes materiales y generalmente mueren sin haber nunca vivido...a proposito habras
    por casualidad estudiado en el Colegio Marti de Santa Clara???

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